Por Redacción EcoFuturo
A casi nueve años del trágico 25 de noviembre de 2017, la memoria de Rafael Nahuel no solo permanece intacta, sino que se ha transformado en un estandarte de lucha para una nueva generación. El joven mapuche de 22 años fue asesinado por la espalda con una bala de plomo disparada por el Grupo Albatros de la Prefectura Naval Argentina durante un operativo de desalojo en la comunidad Lafken Winkul Mapu, en Villa Mascardi.
Hoy, en un escenario político transformado pero marcado por profundas continuidades en la criminalización de la protesta, la juventud ambientalista y las comunidades originarias alzan la voz con más fuerza que nunca para exigir memoria, verdad y justicia.
La reconfiguración del poder y la vigencia del reclamo
La mirada sobre el caso de Rafael Nahuel cobra una relevancia urgente en el contexto socioeconómico y político actual. Patricia Bullrich, quien encabezaba el Ministerio de Seguridad durante el operativo mortal de 2017 y respaldó la actuación de las fuerzas de seguridad en la Patagonia, ocupa hoy nuevamente un rol central en el esquema de gobierno del Presidente Javier Milei.
Para los movimientos juveniles por la justicia ambiental, esta continuidad institucional no es casual: representa la consolidación de un modelo que prioriza el extractivismo y la mercantilización de los bienes comunes por sobre los derechos de los pueblos originarios y la protección de los ecosistemas vulnerables. La criminalización de las demandas territoriales sigue siendo una constante frente a quienes defienden la tierra y el agua.
Juventud y territorio: El legado de defender las raíces
Rafael Nahuel era un joven surgido de los barrios populares de San Carlos de Bariloche que buscaba reencontrarse con su identidad ancestral, trabajar la tierra y reconstruir un proyecto de vida en armonía con la naturaleza. Ese mismo impulso es el que moviliza hoy a miles de jóvenes en toda la región y el país.
Su prima, la machi Betiana Colhuan Nahuel —quien junto a otras mujeres mapuche sufrió arrestos y persecución en los años posteriores—, ha remarcado en diversas oportunidades la vigencia de esa búsqueda:
“Habíamos empezado a recuperar y construir nuestra identidad. Estábamos en el mismo camino de reafirmarnos como jóvenes mapuche (…) El espíritu de Rafa nos acompaña para seguir con dignidad.”
Desde las organizaciones juveniles que promueven la ecología política y el ecofeminismo, se reivindica que la preservación de la biodiversidad en la Patagonia no puede entenderse sin el reconocimiento pleno de los pueblos originarios como guardianes ancestrales de los territorios.
Resistencia frente a la lentitud judicial
A lo largo de los años, el camino judicial por el asesinato de Rafael Nahuel ha estado atravesado por dilataciones, controversias balísticas y tentativas de caratular el hecho como un “homicidio en exceso de legítima defensa”. Frente a la estrategia del desgaste, la querella de la familia y las organizaciones de Derechos Humanos mantienen de forma inquebrantable el reclamo de condena por homicidio agravado contra los efectivos involucrados.
El caso de Rafael, sumado a las muertes de Santiago Maldonado y Elías Cañicol Garay en la misma época, marcó un hito en la historia reciente de la violencia institucional en la Patagonia.
EcoFuturo: Un compromiso con la justicia ambiental
Desde EcoFuturo, reafirmamos que la verdadera transición ecológica no es solo una discusión técnica o climática; es, ante todo, un compromiso ético y político con los derechos humanos, la equidad social y el respeto a la pluralidad cultural.
La juventud actual, que marcha en las calles y organiza los territorios, no olvida a sus mártires. A casi nueve años de su siembra, el nombre de Rafael Nahuel sigue resonando en cada lucha por la defensa del agua, los bosques y la dignidad de los pueblos.