Tras la reforma de la histórica ley que prohibía la salmonicultura en la isla, la firma de una carta de intención entre el Gobierno de Tierra del Fuego y la corporación multinacional encendió las alarmas. Colectivos juveniles, científicos y socioambientales denuncian un intento de “maquillaje verde” que pone en riesgo el ecosistema del Atlántico Sur y la soberanía del fin del mundo.
En Tierra del Fuego, las aguas no están calmas. La reciente firma de una carta de intención entre el Ejecutivo provincial y el gigante multinacional Wanchese Cooke reabrió una herida que la comunidad creía saldada. Bajo el eslogan de la “diversificación productiva”, la “innovación tecnológica” y la “generación de empleo”, las autoridades buscan reactivar la discusión sobre la acuicultura industrial en aguas australes.
Sin embargo, desde las calles de Ushuaia, las juventudes fueguinas levantaron la voz para frenar lo que definen como un retroceso histórico y un atropello disfrazado de progreso.
“Nos quieren vender corporativismo extractivo con etiqueta de sustentabilidad. Tierra del Fuego hizo historia en 2021 prohibiendo las salmoneras, y no vamos a permitir que negocien nuestros ecosistemas a espaldas del pueblo”, expresaron activistas de agrupaciones socioambientales juveniles de la isla.
De la prohibición histórica a la trampa de la Ley 1601
El origen del conflicto tiene fecha y norma. En 2021, la provincia sentó un precedente internacional de vanguardia al sancionar la Ley Provincial N.º 1355, la cual prohibía de forma tajante la salmonicultura en todas las aguas de jurisdicción fueguina.
No obstante, a fines de 2025 se aprobó la Ley 1601 (reglamentada en abril de 2026), que derogó el alcance general de la 1355. Aunque el nuevo texto mantiene formalmente la restricción sobre el Canal Beagle, abrió una ventana legal riesgosa: permite evaluar proyectos de acuicultura industrial en otras áreas marinas y costeras de la provincia.
Para las juventudes organizadas, este cambio normativo fue el “traje a medida” que pavimentó el desembarco de firmas como Wanchese Cooke.
Cronología del retroceso normativo:
- 2021 – Ley 1355: Prohibición total de la salmonicultura industrial en TDF.
- 2025 – Ley 1601: Derogación de la prohibición provincial general; se acota solo al Canal Beagle.
- 2026 – Carta de Intención: Firma entre la Gobernación y Wanchese Cooke para estudios de factibilidad.
La trampa del Greenwashing corporate
Uno de los puntos centrales que denuncian las juventudes fueguinas comprometidas por la defensa de nuestros bienes comunes es la falta absoluta de transparencia y acceso a la información pública. El acuerdo oficial no especifica qué especies pretenden cultivar, qué tecnologías van a utilizar, qué zonas costeras o marítimas se prevén intervenir ni qué volumen de agua dulce de ríos y cuencas septentrionales de la isla se destinaría a sistemas de recirculación.
La comunidad científica independiente y los colectivos de jóvenes señalan los peligros sistemáticos que acarrea la acuicultura intensiva de escala industrial, siendo ejemplos claros:
Especies exóticas e invasoras: Riesgo permanente de escapes accidentales que alteren las tramas tróficas nativas.
Contaminación orgánica y química: Acumulación masiva de deyecciones, restos de alimento y uso intensivo de antibióticos y antiparasitarios en el lecho marino.
Presión sobre recursos de agua dulce: El eventual uso de cuencas de agua dulce para etapas terrestres en un contexto global de estrés hídrico.
“El Atlántico Sur no se vende”: Las juventudes toman la posta
Si algo ha caracterizado a la Patagonia en los últimos años es el rol activo de sus pibes y pibas en la defensa del territorio. Lejos de la apatía que pretenden atribuirles, las juventudes de Tierra del Fuego están liderando asambleas, campañas digitales de concientización y mapeos comunitarios para vigilar el estado de los bienes comunes.
“Hablan de futuro pero aplican recetas extractivistas del siglo pasado. La crisis climática y de biodiversidad no se resuelve trayendo multinacionales a saquear el mar patagónico. Exigimos la restitución plena de la protección ambiental previa y el cumplimiento irrestricto del principio de precaución”, enfatizaron desde los frentes juveniles de la provincia.
El mensaje generacional es contundente: el verdadero desarrollo no se construye hipotecando la fragilidad biológica del fin del mundo ni avalando discursos de sustentabilidad corporativa (greenwashing). Las juventudes fueguinas ya plantaron bandera y prometen dar la batalla en las calles, en las aulas y en las costas para defender la soberanía ambiental del Atlántico Sur.